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Creer para crecer

Este es el caso de Wilfrido Flórez Pozo, un pequeño palmicultor adscrito al Núcleo Palmero Agroince Ltda.

 

                                               

Cenipalma y Agroince Ltda. fueron grandes aliados para aumentar la producción en la finca San Francisco.
Foto: David Sánchez

Los pequeños productores se enfrentan a dificultades y altibajos en su quehacer en el campo, pero con perseverancia y amor por su trabajo, el resultado se traduce en solución y bienestar. Este es el caso de Wilfrido Flórez Pozo, un pequeño palmicultor adscrito al Núcleo Palmero Agroince Ltda., ubicado en el sur del departamento del Cesar, municipio de Tamalameque. 

Su historia comenzó en 2002, cuando al ser beneficiario del Plan Colombia, programa del Gobierno Nacional financiado con recursos de los Estados Unidos, dio inicio a su cultivo de palma de aceite en una finca de 7,5 hectáreas. Sin embargo, la poca experiencia y la falta de conocimiento no permitieron que el negocio fuera rentable. 

Contrario a todos los pronósticos, el entusiasmo no decayó y en 2005 decidió sembrar 3,5 hectáreas más con la esperanza de mejorar su producción, pues al contar con un área sembrada más grande, pensaba que podía aumentar sus ingresos. Pero el resultado no fue el esperado, ya que las condiciones del suelo limitaron el adecuado desarrollo fisiológico del cultivo, debido a los bajos contenidos de materia orgánica, nutrientes, presencia de hierro y compactación, lo que le hizo pensar en abandonar la labor. 

En 2013 Agroince Ltda. y Cenipalma presentaron la estrategia de transferencia de tecnología Productor a Productor, a través del proyecto “Cerrando brechas de productividad” financiado por la Common Found for Commodities (CFC) y la FAO. Su argumento era simple: cuando se implementan mejores prácticas agrícolas es posible elevar los niveles de productividad en el cultivo. Con incredulidad, debido a las falencias que había en su cultivo, Wilfrido Flórez manifestó su difícil situación, pues las producciones obtenidas no eran competitivas ni sostenibles, comparadas con otras plantaciones de la zona que contaban con mejores ofertas edafoclimáticas. Su producción llegaba a las 9 t/ha/año y tenía problemas fitosanitarios. Entonces no tenía mucho que perder y aceptó probar estas prácticas como un ensayo. 

“Como productor siempre me ha gustado probar cosas nuevas en pro de mi cultivo, y yo hacía todo lo que Cenipalma y Agroince Ltda. me indicaban esperando ver resultados. Básicamente nos centramos en tres elementos”, comenta. Fue así como implementó un plan que comprendía varios puntos vitales:

  1. Manejo nutricional: fertilización efectiva, aplicación de biomasa y establecimiento de cobertura.
  2. Manejo fitosanitario: monitoreo de plagas, censo de enfermedades, aplicación de tratamientos, establecimiento de plantas nectaríferas.

“Como productor siempre me ha gustado probar cosas nuevas en pro de mi cultivo, y yo hacía todo lo que Cenipalma y Agroince Ltda.
me indicaban”.
Wilfrido Flórez Pozo. 

El productor, Wilfrido Flórez Pozo, agradece todo el conocimiento adquirido para mejorar su cultivo.
Foto: David Sánchez

3. Riego: adecuación y mejoramiento de la infraestructura del sistema de riego por melgas.

Paso a paso

“Comenzamos trabajando un área demostrativa y dejamos un testigo para medir los resultados. Aplicamos 400 kilogramos de tusa alrededor de la palma, en forma de cuadro, mejoramos el sistema de riego de acuerdo con la pendiente del terreno, verificando que lo más indicado para lograr una correcta conducción del agua era usando tuberías de 3 pulgadas en PVC”, recuerda Wilfrido.

Cenipalma, por su parte, hizo un acompañamiento constante y personalizado que les permitió determinar los puntos de acción prioritarios. “Ellos me ayudaban con la toma de análisis foliares y de suelos, utilizados como base para determinar el plan de fertilización. Una vez formulado, realicé importantes esfuerzos para conseguir los insumos y aplicarlos sobre la tusa como lo sugerían los ingenieros. Los técnicos me apoyaban en la revisión sanitaria, y de esta forma logramos identificar y salvar varias palmas enfermas por la Pudrición del cogollo (PC)”.

 

Se trató de un trabajo arduo, de compromiso del productor, que gracias al apoyo de expertos y al seguimiento riguroso de las pautas estipuladas, tuvo un final feliz. “Seis meses después de haber comenzado el proceso empecé a observar algunos cambios en el cultivo: debajo de la tusa había raíces blancas, la zona en la que se había colocado la tusa permanecía húmeda y no se veía ningún grano de fertilización allí. Eso me parecía bueno, sin embargo, lo mejor estaba por venir, pues unos meses después, empecé a observar los racimos más grandes y con mayor peso. 

En ese momento entendí que sí era posible aumentar la producción, me emocioné tanto que decidí incrementar el área con tusa, ubicándola entre palma y palma en dosis de 900 kilogramos. Sin duda esto no hubiese sido posible sin el apoyo del Núcleo, puesto que siempre me han regalado la materia orgánica para mis palmas”, expresa el productor.

Muestra de vivero de coberturas en la finca San Francisco, propiedad de Wilfrido Flórez Pozo. Foto: David Sánchez

 

El proyecto de la CFC y la FAO finalizó en 2015 con resultados exitosos, pero el trabajo de este palmicultor sigue vigente: “Continuamos cultivando de la mano de Cenipalma y Agroince Ltda. y así llevamos la totalidad de la finca a mejores prácticas agrícolas. Finalmente, sembramos cobertura, dejamos crecer plantas en las calles de no cosecha (sotobosque) para mejorar la biodiversidad al interior del cultivo y aumentar el control natural de plagas. También sembramos plantas nectaríferas dentro del lote y en el perímetro”.

Cultivo productivo

La producción inicial de Wilfrido Flórez no superaba las 9 t/ha/año antes de adoptar mejores prácticas agrícolas (MPA). Para el año 2013, después de su implementación, obtuvo una producción de 17,3 t/ha/año, lo que evidenció un aumento del 92 %, así mismo, el estado fisiológico del cultivo también mejoró considerablemente. 

Durante los años siguientes se mantuvo una tendencia creciente en la producción. Para 2015 y 2016, a pesar del déficit hídrico generalizado en el país, logró mantener producciones estables de 30 t/ha/año. Finalmente, en 2019 sus cifras estuvieron en 29,6 t/ha/año. 

Aunque había mucho por hacer, se lograron cambios sustanciales y aprendizajes importantes, tanto así que después de esta afortunada experiencia, Wilfrido Flórez puede asegurar que la clave para aumentar la producción en la Zona Norte es garantizarle al cultivo un flujo adecuado de agua. Teniendo en cuenta que en esta zona, donde predomina la ausencia de lluvias (anualmente no superan los 1.400 mm), se hace indispensable contar con un sistema de riego que garantice la presencia constante del líquido vital. 

Este palmicultor sabe que la palma de aceite representa el sustento económico de su familia, por eso, día a día trabaja para incrementar su producción. Así, motivado por ese afán de darle a los suyos seguridad económica, se inició en las mejores prácticas agrícolas, logró superar la producción de sus vecinos y rompió paradigmas en el manejo tradicional del cultivo que aseguraban que sus terrenos no eran aptos para la palma de aceite debido a sus características de compactación, bajas reservas de nutrientes y altos contenidos de hierro.

Ahora habla con total conocimiento de causa, por eso recomienda con sabiduría trabajar en el mejoramiento de los cultivos bajo el establecimiento de las mejores prácticas agrícolas (MPA), apoyado por una fuerte dosis de disciplina y amor por la agricultura. De igual manera reconoce y agradece el acompañamiento incondicional de Cenipalma a través del equipo de Extensión, así como a todos los profesionales que han aportado su granito de arena para fortalecer su desarrollo empresarial.

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