Información del sector palmero colombiano - Fedepalma

El cucarrón picudo, plaga de las palmeras

Foto: archivo Fedepalma
0

Los coleópteros, también llamados cucarrones o escarabajos, con más de 350.000 especies, constituyen el orden más alto de diversidad de la clase Insecta (que tiene un millón de especies descritas). Una de las familias del orden Coleoptera es Curculionidae, palabra derivada del latín curculio (gorgojo), que tiene más de 5.000 géneros y 80.000 especies. Estos escarabajos son fitófagos, es decir, que se alimentan de plantas, y uno de ellos, el personaje de este relato es Rhynchophorus palmarum, llamado cucarrón picudo, picudo palmero, casanga o gorgojo cigarrón.

El género Rhynchophorus, del griego ρύγχος (hocico, pico) y φέρνω (traer, que tiene pico), fue descrito en 1795 por el naturalista alemán Johann Friedrich Wilhelm Herbst; y la especie, R. palmarum (picudo de las palmas) fue descrita y publicada por Carlos Linneo y precisada por E. Csiki, entomólogo alemán, en 1936. Es un insecto originario de América tropical, aunque ha llegado a otros continentes, y es conocido por antonomasia como la plaga de las palmeras.

Las hembras del Rhynchophorus palmarum depositan sus huevos y cuando las larvas emergen, se alimentan del tejido blando del cogollo, lo que genera pudriciones por patógenos y finalmente la muerte de la palma.

Según la Guía de bolsillo para el manejo de Rhynchophorus palmarum, editada en 2017 por Cenipalma y Fedepalma, los adultos son atraídos por la fermentación de los tejidos de palmas cuando la Pudrición del cogollo (PC) está en estado avanzado, originada por actividades de poda o de cosecha. Las hembras depositan sus huevos y cuando las larvas; llamadas mojojoyes, chontacuros, suris o chizas; emergen de los huevos, se alimentan del tejido blando del cogollo lo que genera pudriciones por patógenos y finalmente la muerte de la palma. Se le atribuye, además, el ser el transmisor de Bursaphelenchus cocophilus, un nematodo que produce la enfermedad llamada Anillo rojo. Las larvas del cucarrón atacan también las inflorescencias y las yemas terminales, y una vez que han iniciado el daño resulta casi imposible salvar el ejemplar.

Para prevenir la presencia de esta plaga en la Colección Nacional de Palmas Nativas de Colombia, en el Jardín Botánico del Quindío, hace algunos años se recibió la asesoría de Cenipalma, cuyos científicos dieron claramente la instrucción sobre las medidas y prácticas que se debían tener a fin de evitar daños en los especímenes. Para ello se usaron las feromonas para las trampas de captura de estos cucarrones, que han funcionado con éxito, pues los escarabajos son atraídos por el olor y quedan atrapados en cajas plásticas, sin posibilidad de recuperar su libertad.

Se debe evitar a toda costa mantener los tallos de las palmas muertas, pues dentro de ellas se puede estar desarrollando nuevas larvas del coleóptero que les produjo la muerte. Foto: Luis Fernando Jaramillo Arias

Una de las recomendaciones importantes es que, en caso de presencia de la plaga, que se evidencia muy bien con la muerte de un ejemplar de palma, lo pertinente es podar la palma a ras del piso y destruir el estípite, enterrarlo o incinerarlo. Muchos propietarios de palmas ornamentales dejan inexplicablemente esos cadáveres erectos de palmas muertas, en donde se continúan alimentando y criando las larvas del insecto, con lo cual se fomenta el ataque a otros ejemplares sanos. Se aprecian por todo el país esos antiestéticos muñones de palmas que son verdaderos zoocriaderos de una plaga muy dañina, y ahí brillan por su ausencia las autoridades sanitarias.

Estas larvas son curiosamente muy apetecidas por las comunidades campesinas e indígenas que habitan cerca de los bosques naturales del país. Se tiene conocimiento serio de su carácter nutritivo por las vitaminas y minerales que contienen, e inclusive se les atribuyen propiedades medicinales. En una de las expediciones botánicas realizadas por el Jardín Botánico del Quindío a la región Amazónica, precisamente para la recolección de palmas, el grupo se quedó un día sin provisiones y como estaban lejos del asentamiento humano más próximo, tuvieron que recurrir a las proteínas de estas larvas que encontraron en el muñón de una palma muerta, tal vez Milpesos (Oenocarpus bataua). Quienes las probaron por primera vez dijeron que estaban deliciosas.

Plaga y alimento, una combinación curiosa para un coleóptero. La naturaleza siempre nos asombra.


  • Nota: este artículo hace parte de una serie de documentos relacionados con los usos de las palmas nativas de Colombia, y del convenio interinstitucional 060/16 de 2020 entre Fedepalma, Cenipalma y el Jardín Botánico del Quindío, con el cual se está realizando un intercambio científico para el cuidado de las palmas en el país.
(Visited 122 times, 26 visits today)
Deja una respuesta