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El motor de mis sueños, por Delia Camacho Torres

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Algunos prestan su voz, nosotros, nuestros oídos y nuestras manos para redactar la historia de Delia Camacho Torres de 32 años, una indígena del pueblo Jiw, que vive en el resguardo sector 1 de Mapiripán (Meta), y que es ejemplo de inclusión y trabajo digno en la región.

Delia no habla de desplazamiento, ni de limitaciones; ella no derrama lágrimas cuando dice que de sus cuatro hijos solo dos sobreviven, pues a muy temprana edad fallecieron por falta de un dispensario, y por la gran distancia que tenía que recorrer desde el resguardo hasta el hospital más cercano, a dos horas en carro o un día caminando.

Hablar de la palma la emociona, mezcla el español con la lengua Mitua o Jiw, y en cualquiera de las dos lenguas, su risa es el sello distintivo de su felicidad y de la vitalidad con la que se gana la vida.

Es una lideresa natural, de ahí que otras mujeres del resguardo quieran trabajar como ella, sembrando y cosechando palma.

Delia Camacho es empleada y también empresaria, en su resguardo ha sembrado 30 palmas y lo que produce lo comparte con su comunidad. También cultiva frutas, hortalizas y vegetales para el sustento de su familia.

Ve en las mujeres la oportunidad de que el resguardo surja. Menciona, sin vacilar, que, contrario a la mujer indígena, el hombre no ve el futuro: «La mujer sí ve eso, mientras el hombre no». Tampoco duda en afirmar que, en su cultura, el trabajo pesado les corresponde a las mujeres. 

¡Su padre es una gran motivación! Por eso, le pidió que la dejara trabajar con la palma y, con su permiso, ella empezó a abrirse camino. Muy pronto pudo entender que, para poder crecer, había que aprender. Siempre atenta y bien dispuesta a trabajar, se ha destacado entre las demás mujeres de su comunidad.

Comenzó como recogedora y en muy corto tiempo, pidió que le enseñaran a cosechar. Justamente, cuando llega la cosecha, también llega la felicidad para Delia, pues de su trabajo se benefician sus hijos, padres y primos; dice que cuando llega la quincena, se reúnen para festejar. Es con el dinero que le da la palma que los puede agasajar. Compra ropa, paga el celular, regala zapatos, le compra vestidos a la niña, hasta un par de aretes le quiere llevar, porque el 15 de agosto los 7 años le va a celebrar. 

La torta casi siempre es de color verde, a ella le gusta esa tonalidad; y el sabor que le encanta a todos, dice, «es el sabor a dulce, ese sí es el bueno».

Vive agradecida y feliz

Quiere seguir avanzando, no quedarse conforme con lo que tiene. Por eso, precisamente, está ahorrando para comprarse una moto de segunda, porque una nueva cuesta mucho, y a los indígenas es muy difícil que les presten dinero. A ella nada la detiene, por eso habló con su amiga Yuri Patiño y le pidió que le enseñara a conducir moto. El trato fue justo, solo tenía que echar gasolina al vehículo y Yuri le prestaba la moto para practicar. Delia también la invitaba a refrigerio cuando quedaba algo después de tanquear. Su buena amiga (como ella la llama), le enseñó a meter los cambios, a acelerar y frenar… Todo iba muy bien, hasta que un día la hermana de Yuri le escondió las llaves y no se las quiso prestar. Se quedó con la gasolina y entendió que no le iban a volver a prestar la moto. Por eso ella quiere trabajar más, para poder ahorrar. Se le escucha animada cuando dice: «Si tengo la moto, yo trabajo domingo y lunes festivo», pues esos días los pagan mejor. Y ya le ha dicho a su esposo que el descanso es bueno, pero el trabajo es mejor.

Delia Camacho tiene su propio motor, un entusiasmo contagioso motivado por el amor a su familia y al trabajo. Seguir creciendo con su cultivo de palma en el resguardo es su deseo y para eso necesita pedir permiso al consejero. El motor de sus sueños está solo a tres millones de pesos de distancia, pero si es nuevo, serán siete.

Una versión de e book está disponible y publicada en varios idiomas, clic aquí para leerlo.

 

Nuestros palmeros participantes

Estos son los relatos completos de los palmicultores que representaron a Colombia en el concurso internacional del CPOPC:

 

  • Estas historias fueron presentadas por Fedepalma para el concurso de historias de pequeños Palmicultores del CPOPC. 
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