Información del sector palmero colombiano - Fedepalma

El origen del aceite de palma sí hace la diferencia

Foto: archivo Fedepalma
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Los palmicultores nunca han soslayado el tema de la sostenibilidad. Por el contrario, conscientes de que su actividad mantendría un vertiginoso crecimiento continuo, se dieron a la tarea de establecer, ordenar y seguir lineamientos que le aseguraran un futuro rentable.  

Sabían que su capacidad para competir (malograda en la década de 1990 por cuenta de factores ajenos a su negocio), no podría mejorar únicamente mermando los costos de su producción, álgido tema de entonces. Más bien, tendrían que incorporar a la sostenibilidad en su modelo de negocio, y entregar a los consumidores un producto hecho de valores intrínsecos ambientales, sociales y económicos. Justamente las tres aristas en las que descansa el concepto de sostenibilidad, definida por las Naciones Unidas como: “El desarrollo que satisface los requerimientos del presente sin comprometer la capacidad de las generaciones futuras para satisfacer sus propias necesidades”.  

Aunque tal no era una tarea fácil, los palmicultores tenían una importante marca de partida desde el punto de vista ambiental: el establecimiento de sus cultivos no le había robado territorio a la fauna silvestre, a la selva o a los bosques. En esa línea, en 1997 Fedepalma firmó el Convenio de producción limpia, según el cual adoptaría métodos de producción y operación más limpios, sanos y seguros para el ambiente y la población. Y en 2002 publicó la Guía ambiental para el subsector de la agroindustria de la palma de aceite, un instrumento esencial de apoyo y orientación para su gestión ambiental. Fedepalma honró sus compromisos con el cuidado del planeta, y así lo evidenció el estudio: Desempeño ambiental del sector palmero en Colombia, evaluación y perspectivas, realizado en 2004.  

Este mismo año, la Federación se convirtió en miembro de la naciente Mesa Redonda sobre Aceite de Palma Sostenible (RSPO), una iniciativa mundial para “transformar los mercados del aceite de palma”, cuyo objetivo es “promover el cultivo de la palma de aceite y el uso de aceite de palma sostenible, a través de la cooperación, a lo largo de la cadena de suministro y de un diálogo abierto con los interesados”. El gremio incentivó desde entonces la implantación de los Principios y Criterios de la RSPO en Colombia para que los palmeros y las plantas de beneficio obtuvieran su certificación de sostenibilidad, que incluía no solo el respeto hacia el medio ambiente, sino también, en la misma medida, la observancia de los derechos humanos.  

De igual manera, Fedepalma promocionó entre sus agremiados la adopción de otros estándares internacionales, como Rainforest e ISCC (de hecho, es miembro de ISCC Association desde 2021). En la actualidad, el 26% de la palmicultura colombiana tiene algún tipo de certificación internacional de sostenibilidad. 

El origen del aceite de palma sí hace la diferencia
La agroindustria palmera genera alrededor de 195.000 empleos, con ingresos de alrededor de 1,5 salarios mínimos. Los buenos salarios que provee le dan a la palma colombiana un mayor valor social. Foto: archivo Fedepalma

Era hora de empezar a hacer valer en la práctica todos los esfuerzos realizados para diferenciarse del resto de sus competidores, y de abrirles espacios a los pequeños y medianos productores nacionales para que accedan a certificados de sostenibilidad que consulten su propia dimensión y las características particulares de su negocio. La idea es que, en menos de dos años, el 75% de la producción nacional de aceite de palma esté certificada o verificada bajo estándares de sostenibilidad. 

Esas fueron las motivaciones fundamentales para que los palmeros, reunidos en su congreso anual de 2018, le ordenaran a Fedepalma desarrollar un programa para construir protocolos de verificación, y así demostrarle al mundo que no son solo palabras (“hacemos las cosas diferentes”), sino hechos que las sustentan (es verificable que no talamos, no deforestamos, somos amigables con el medio ambiente, generamos empleos formales y de calidad, tenemos un impacto positivo sobre las comunidades de nuestro entorno…). 

De inmediato se puso en marcha la Corporación Aceite de Palma Sostenible de Colombia (APSColombia), el cual produjo un estándar nacional de sostenibilidad y el protocolo de verificación. La organización, recién constituida con tal propósito por palmicultores, compradores y entidades gubernamentales, está articulada con Fedepalma y Cenipalma, pero tiene personería jurídica, gobierno y recursos independientes. 

Una vez surtidos los pasos de validación y verificación para acreditar un proceso palmero como sostenible, APSCo le otorgará a quien corresponda un sello que no es otra cosa que una marca-país. El mismo que le dirá al mundo: “Este producto es de origen colombiano y, por tanto, es sostenible”.  

 

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