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El turpial palmero, por Jesús María Mendoza Prada

Foto: archivo Fedepalma
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«Es la vida la que nos invita y es cuestión de nosotros dejarse invitar, al progreso y al gran desarrollo que incita el cultivo de hermoso palmar». Con este verso defino las cosas que me gustan de la vida, ser palmero, compositor, músico (empírico) y cantante. Hoy, mi vida es una fiesta. Disfruto cada encuentro,  proyecto y negocio. Pero, claro, no siempre fue así.

Yo inicié en la palma por necesidad. Tuve un problema en un ojo que me mantuvo limitado mucho tiempo; lograba producir apenas para subsistir. Nací en esta región del Norte de Santander, y llegué al Catatumbo buscando mejores oportunidades. Pero en el año 2002 lo único que se sembraba era coca. Nunca me ha gustado participar en cosas ilícitas, pero no podía seguir vendiendo yuca y rebuscando dinero para llevar a la casa, así que, sin querer, terminé siendo uno de tantos que han participado de ese negocio aterrador… para no pasar hambre. Gracias a Dios, esa zozobra me duró poco y no alcancé a encapricharme con esas matas. Era más el miedo que me daba tenerlas que la plata que les sacaba.

Como siempre estaba buscando la forma de no quedarme en eso, un día me levanté decidido a irme de Tibú a probar suerte en otra parte. Y cuando fui a despedirme de un amigo, me dijo que no, que me quedara, que aguantara unos meses más, que ya estaba por llegar un proyecto muy importante de sustitución de cultivos ilícitos por palma de aceite y que ese era el futuro de la región. Me emocioné muchísimo. Sin embargo, a los pocos días, los grupos armados que azotaban la zona enviaron el mensaje de que si alguien cambiaba coca por palma le «daban gatillo». Otra vez las amenazas… Malo por un lado, y peor por el otro, pensé que no había opción, pero lo cierto es que siempre, siempre, la hay.

La opción es apostarle a lo correcto, ahí siempre hay vida y progreso. Mi amigo siguió entusiasmándome; otros, en cambio, el mismo día que llegó la gente del Gobierno a sustituir los cultivos se arrepintieron y no se presentaron a la cita. Yo ya estaba decidido a arriesgarme: muy en mi interior, sentí que lo tenía que hacer, así que le dije a mi esposa: «Mejor en el suelo que vivir chilingueado» (vivir muerto del susto significa eso), ir por la vida como muerto, temeroso de ser lo que uno es.

Apenas llegué, toda la gente del programa se puso feliz y me dijeron que al mediodía subían a la finca para arrancar la coca, alistar la tierra, entregarme las semillas y firmar los papeles. Y así fue… Muy emocionante. Con cada mata que arrancaba, sentía un alivio inmenso… Ese momento fue hermoso.

Al día siguiente bajé al pueblo y un conocido me dijo que había visto mi foto en el periódico, arrancando matas; sentí que se me congelaban los pies… Nunca había oído el latir de mi corazón tan fuerte y tan rápido, y no supe qué decir. Vi el periódico y, en efecto, era mi foto en primer plano, arrancando coca y sembrando palma. Ya no había marcha atrás, así que no hice caso de advertencias y comentarios.

Pasaron dos, luego tres, contamos siete días y no pasó nada. Lo único que sí sucedió es que mi hijo y yo comenzamos a trabajar la tierra con esas semillas que nos habían dado. Esa foto sirvió para que muchos levantaran la mano, para que los incluyeran en el plan. Yo fui el que puso la primera semilla de paz, sembrando palma de aceite en esta región. Por eso me siento orgulloso y agradecido.

A partir del tercer año ya mi vida y la de mi familia cambió por completo, de no tener nada a tener en abundancia. Y no hablo únicamente de dinero, sino de la felicidad y tranquilidad que disfrutamos hoy. Mis tres hijos ya tienen sus propios cultivos: les regalé unas palmas para que comenzaran y van muy bien. Ahora hago lo que más me gusta en la vida: escribir y componer canciones a las cosas que me inspiran. Ya he grabado dos discos con muchas canciones dedicadas a la palma y la gente de la región me conoce como ‘el turpial’.

Soy Jesús María Mendoza Parada y esta es mi gran historia. La misma que voy compartiendo entre canción y canción.

 

Una versión de eBook está disponible y publicada en varios idiomas, clic aquí para leerlo.

 

Nuestros palmeros participantes

Estos son los relatos completos de los palmicultores que representaron a Colombia en el concurso internacional del CPOPC:

 

  • Estas historias fueron presentadas por Fedepalma para el concurso de historias de pequeños Palmicultores del CPOPC. 
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