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Palma Tagua, el marfil vegetal

El género Phytelephas, de la familia Palmae, tiene 28 especies y solo se da en América

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Tagual en Acandí, Chocó. Foto: Hector Manrique

El género Phytelephas, de la familia Palmae, tiene 28 especies y solo se da en América, desde el oriente de Panamá hasta Perú, noroeste de Bolivia y al occidente de la región amazónica, en Brasil. Fue descrito por Ruiz y Pavón en la obra Systema Vegetabilium Florae Peruvianae et Chilensis (Sistema de plantas y flora de Perú y Chile), publicada en 1798. Los dos científicos fueron Hipólito Ruiz López y José Antonio Pavón y Jiménez, dos célebres botánicos españoles, quienes entre 1777 y 1788 adelantaron con mucho éxito la Expedición Botánica del Virreinato del Perú, una de las más importantes del siglo XVIII, con resultados muy notables si se le compara con los muy pobres y reducidos de la del Nuevo Reino de Granada, dirigida por José Celestino Mutis. 

El vocablo Phytelephas lo formaron de las palabras griegas φυτό, phyto, planta y ελέφας, elephas, elefante, en clara referencia al uso de sus frutos para la talla de objetos artesanales, de donde viene su apodo de “marfil vegetal”. Curiosamente, el botánico alemán Carl Ludwig Willdenow describió poco tiempo después, en 1806, el género Elephantusia, que resultó ser sinónimo. 

De las tres especies de este género que ocurren en Colombia merece mencionarse la Phytelephas macrocarpa, la propia tagua, nombre que se le da indistintamente a la planta y a la semilla, también, en este último caso, para las otras especies. La palabra proviene del quechua tawa. El epíteto macrocarpa formado del griego μακροϛ, makros, grande, y del latín corpus, fruto, dado el peso de esta parte de la planta, que provoca, con la gran corona de hojas, que el tallo de las plantas hembra colapse y se postre, sin perecer. 

Por lo general, esta palma crece por debajo de los 300 metros de altitud, aunque puede llegar a alcanzar los 1.700. La especie se da solo en Suramérica al occidente de la región amazónica, en Brasil, en Perú y en Bolivia al norte; en Colombia en el alto Sinú, Urabá, Darién y por toda la región Pacífica hasta el Cauca; en el alto y bajo Magdalena y al sur del Trapecio Amazónico.  

Como es una especie dioica, es decir que tiene plantas con solo flores masculinas y otras con flores femeninas, para su cultivo se debe tener en cuenta esta característica. Han referido que en Ecuador y en algunas partes de la región Pacífica colombiana tienen la mala costumbre de talar en los taguales las palmas masculinas, lo cual a la larga entorpece el proceso natural de polinización.  

En Colombia la tagua fue formidablemente importante para el comercio exterior durante los siglos XIX y XX, tal vez hasta 1985, y aún algunas empresas la siguen produciendo y exportando. Según Rodrigo Bernal, esta palma “ofrece excelentes condiciones biológicas para un aprovechamiento intensivo” (Cosechar sin destruir, p. 208). Dice Bernal que cada palma puede producir 30 semillas por año y llegar a más de 5.000 por hectárea. 

Aunque los expertos sostienen que la palma tagua tarda unos 15 años para iniciar la producción, mencionan que, de manera asombrosa, puede vivir más de 180 años. 

  • Nota: este artículo hace parte de una serie de documentos relacionados con los usos de las palmas nativas de Colombia, y del convenio interinstitucional 060/16 de 2020 entre Fedepalma, Cenipalma y el Jardín Botánico del Quindío, con el cual se está realizando un intercambio científico para el cuidado de las palmas en el país.
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