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¡Para atrás, ni para coger impulso! Por Nelcy Vega Jurado

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Aún escucho esas voces diciéndome: “Nelcy, usted puede”; también, a mi propia voz interior que no me permitía desfallecer: “Nelcy, no te puedes echar para atrás”. Esos recuerdos hoy visitan mi memoria, al evocar la travesía que nos ha traído hasta aquí. Nuestra familia ha sido el eje que nos ha mantenido unidos ante la adversidad y la violencia. Lamentablemente, el campo colombiano ha sido víctima de asesinatos indiscriminados y ajusticiamientos fuera de la ley, que les han arrebatado sus progenitores a muchas familias como la nuestra.

Mi papá, Alfonso Vega Blanco, fue asesinado por grupos paramilitares que sembraban el terror en Becerril, Cesar. La tristeza de la pérdida prematura aún nos estremece y nos aprieta el corazón. Fueron él y mi madre, Ana Victoria Jurado de Vega, quienes se atrevieron a cambiar tabaco por palma y vieron con optimismo el futuro promisorio que se advertía para los palmicultores de la región. De un momento a otro, éramos tres mujeres solas, desamparadas, sin saber qué hacer. Por fortuna, los ángeles sí existen y a nosotros nos vino a socorrer uno: Oleoflores, una gran empresa palmera que, al enterarse de nuestra pérdida y suponer nuestra vulnerabilidad, nos acogió y nos rodeó de consejos. Nuestra vida volvió a empezar.

Después de aceptar nuestra historia y gracias a la insistencia de tantas personas que no querían que abandonáramos el cultivo, con mi mamá, me hice cargo de la finca; y, claro, de sus inmensas deudas también. Con el tiempo, mi madre enfermó, nunca pudo superar la ausencia del amor de su vida. Pero el miedo nunca ha vencido la fe, ni la determinación y esas dos características sobran en esta familia.

Por más oscura que sea la noche, sabemos que en la mañana vamos a ver el sol. Mi mamá, mi hermana y yo nos aferramos a la palma. Fuimos aprendiendo y haciendo caso a los que sí sabían. Cada día nos conocíamos un poco más y aunque no fue siempre fácil salir de las deudas, poco a poco logramos, y aún lo hacemos, recoger los frutos de tanto esfuerzo. Recuerdo el día en que tuvimos que entregar el tractor que, con tanto esfuerzo, mi papá había comprado.

Mientras iba saliendo de la ramada, dejando un camino de polvo, le prometí a mi hermana que lo íbamos a recuperar. Y así fue. Pasaron algunos años en los que solo trabajamos para pagar lo que debíamos, pero  gracias a la palma que empezamos a sembrar, un nuevo tractor pudimos comprar.

Cuando digo que los ángeles sí existen, es porque creo: yo sé que mi papá no nos desampara un solo minuto. Ya somos mujeres hechas y derechas, y nuestros hijos se han podido formar en las mejores universidades del país. Ellos son la nueva generación que va a continuar lo que sus abuelos comenzaron. La vida nos ha premiado con unos esposos amorosos y unos hijos ejemplares, muy aplicados y dedicados en sus estudios y en sus trabajos.

Hoy todos participan directa o indirectamente del negocio familiar y nos sentimos realmente orgullosos de lo que estamos logrando por nosotros y por nuestros empleados; de hecho, ya los hemos formalizado a todos, para que reciban un salario justo y tengan la salud asegurada. Nos encanta que el progreso de nuestra familia se vea reflejado en las familias de nuestros trabajadores. Yo digo:

Es pobre el que quiere ser pobre, el que no quiere esforzarse para aprovechar las oportunidades que nos da la vida.

Nosotros sabemos que, cada vez que le ayudamos a uno de nuestros trabajadores a mejorar su calidad de vida, con educación, capacitación y un buen salario, estamos transformando la vida de al menos tres familias más y la de las generaciones venideras. “Nelcy, usted puede”; “Nelcy, no te puedes echar para atrás”. Esas frases resuenan en mi interior y me impulsan a crear nuevas oportunidades para nuestra familia y nuestro cultivo.

Tuvieron que pasar años para que mi hermana recobrara el coraje y la motivación de volver a la finca. Por eso, mientras me deshago en lágrimas, sostengo que la palma no es un cultivo; es un proyecto que une familias. La nuestra es la demostración de que unidos podemos superarlo todo. Para atrás, ni para tomar impulso.

Una versión de eBook está disponible y publicada en varios idiomas, clic aquí para leerlo.

 

Nuestros palmeros participantes

Estos son los relatos completos de los palmicultores que representaron a Colombia en el concurso internacional del CPOPC:

 

  • Estas historias fueron presentadas por Fedepalma para el concurso de historias de pequeños Palmicultores del CPOPC. 
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