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Santos Cirilo y su historia de transición de E. guineensis a híbrido OxG

Santos Cirilo en su finca con cultivos de palma. Foto: cortesía Santos Cirilo Banguera
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Foto: cortesía Santos Cirilo Banguera

Santos Cirilo Banguera Ortiz es un palmicultor de 58 años que ha podido disfrutar de los beneficios de la palma, junto con su familia conformada por su esposa, Edna Lucía Palacios, y sus cuatro hijos. Además de ser la fuente de sustento, este cultivo le ha permitido que su hija mayor, Martha Lizeth, de 39 años, sea profesional en administración pública y esté haciendo una especialización en Gerencia en Salud Ocupacional; Miguel Alfonso, de 32, sea ingeniero agroforestal; María Luisa, de 27, sea licenciada en ciencias naturales con énfasis en medioambiente; y María Fernanda, de 16, esté haciendo décimo grado. “Es que todo este esfuerzo es para eso, para sacarlos adelante”, asegura Santos Cirilo. 

Su historia con el cultivo de palma viene de mucho tiempo atrás, ya que sus padres eran productores, aunque él en ese momento trabajaba en una empresa que no tenía que ver con esta actividad. Cuando no pudieron seguir adelante con el negocio, Santos Cirilo se puso al frente, lo que le permitió conocer las bondades que la E. guineensis traía para su vida y la región, “yo no tenía ningún conocimiento sobre la palma, pero lo pude aprender y trabajarla”. Pero en 2010 la Pudrición del cogollo (PC) arrasó con la E. guineensis, “esto fue muy duro para todos, especialmente para los pequeños productores porque nos quedamos con los brazos cruzados. Sin embargo, de la mano de Cenipalma y Fedepalma surgió una luz de esperanza cuando se dio la idea de reemplazar los cultivos con híbridos OxG”, explica.

Este proceso duró cuatro años, mientras se lograban los créditos asociativos, se renovaban los cultivos con el híbrido y estos empezaban a producir. Durante ese tiempo, Santos Cirilo vivía de la economía informal, esperando que la palma diera sus frutos. “Uno de los aportes significativos, en esa época, fueron las capacitaciones realizadas por Fedepalma y Cenipalma, en las cuales nos enseñaron cómo manejar el híbrido e implementar buenas prácticas de cultivo. Lo que más recuerdo, fueron las condiciones humanas de los especialistas y el compromiso que se tuvo con el pequeño productor para no dejarlo renunciar a pesar de lo difícil que fue”, asegura.

Este productor está muy agradecido con la palma porque le ha traído felicidad a su vida. Ahora cuenta con un trabajador de nómina con prestaciones (polinizador), un polinizador contratado por obra labor y seis trabajadores de cosecha. Su esposa, que es Administradora de Empresas, es la encargada de dirigir los recursos del cultivo de la palma, y también es la Jefa de Talento Humano de la Alcaldía Municipal de Tumaco. “Yo estoy muy contento con el híbrido, y más por esta época porque los precios han mejorado, y la producción también con el uso del ácido naftalenacético (ANA)”, explica.

Cuando se le pregunta a Santos Cirilo por qué cree que logró el segundo puesto al Premio al Productor de Pequeña Escala con Mejor Productividad 2020 responde que fue gracias a la motivación que le han dado para ser un cultivador juicioso, comprometido con el cultivo, pendiente del mismo, el cual implementa las buenas prácticas agrícolas y está consciente de la importancia de la asistencia técnica.

 

  • Reviva aquí lo mejor del Premio al Productor de Pequeña Escala con Mejor Productividad 2020:

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