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Palmicultora destacada: tener la información a la mano es la clave del éxito

Además de ser palmicultora, Dineth estudió artes plásticas en la Universidad de La Sabana. Aquí aparece al lado de un mural de su autoría.
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Tomar decisiones cuando se está bien informado y documentarse para tener buenos resultados en cualquier proyecto que se proponga son algunos de los principios que, la mayoría de las veces han guiado la vida de Dineth Estela Caraballo, una productora de palma de aceite que lleva 12 años en el negocio y que ve en esta, no solo una actividad para subsistir sino el punto de encuentro para la unión de la familia.

A sus 67 años recuerda que antes de empezar con la palma decidió averiguar sobre la misma. “En ese tiempo también nos hablaban de la caña, sin embargo, nos dimos cuenta de que no había quién la comprara. En cambio, veíamos que estaban montando la planta de beneficio de aceite de palma”, cuenta Dineth.

Entonces, junto con su esposo, convencieron a varios de sus hermanos de incursionar en esta plantación.

Todos somos agricultores y, en ese momento, trabajábamos en diferentes productos sin mayor éxito, pero entrar al mundo de la palma de aceite fue un gran acierto. Ahora este es el cultivo que nos permite mantener a nuestras familias, vivir bien, estar más unidos.

Dineth Estela Caraballo, una productora de palma de aceite. 

Pero esto no siempre fue así, aunque Dineth trataba de documentarse, había muchos mitos que le hicieron cometer errores. “La gente decía que la plantación de palma era fuerte, que no era necesario echar mucho abono ni cuidarlo, porque lo que venía de África era resistente a todo. Nosotros limpiábamos, pero no más, y cuando llegó el invierno y la Pudrición del cogollo (PC), seguíamos con estas ideas”.

Frente a esto, los expertos hacían recomendaciones, sin embargo, era muy difícil que los cultivadores las pusieran en práctica, hasta que Oleoflores los invitó a un día de campo en Puerto Wilches, y allí pudieron ver la devastación que la PC había dejado, algo que les ayudó tomar conciencia y a tener mejores prácticas.

De igual forma, Dineth tuvo la oportunidad, junto con otros productores, de visitar el Campo Experimental Palmar de la Vizcaína, lo que la motivó al ver la dedicación de los investigadores para encontrar soluciones a sus problemas. “Y es que nosotros teníamos una concepción de que la agricultura debía estar basada en la experiencia de nuestros abuelos y en lo que decían, pero esos procesos han cambiado”, explica. 

Además de sus hermanos, su círculo familiar más cercano, también está comprometido con el cultivo.

Tristemente mi esposo falleció y yo seguí con la palma. Mi hijo, Andrés Alejandro Parra, que es ingeniero electrónico, y que también tiene una plantación, todos los días me envía por internet novedades sobre fertilizantes, el clima y demás datos para mantener mi cultivo sano. Y mi hija, Luz Viviana Parra, que es tecnóloga, me ayuda en el área administrativa, incluso ya tenemos formalizados a nuestros trabajadores.

Según Dineth, la palma es una bendición. De 5 hectáreas, con las que comenzó, ahora tiene 29, sin embargo, para ella quien quiera adentrarse en este mundo debe primero informarse, para tener éxito en su cultivo.

 
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