Información del sector palmero colombiano - Fedepalma

Nutrición balanceada y prevención de trastornos alimentarios en adolescentes

Foto: archivo
Por:

Johanna Losada Romero, Nutricionista y dietista de la Pontificia Universidad Javeriana
Artículo del Boletín N° 38 de Salud & Nutrición. Webinar de Fedepalma y Cenipalma en conjunto con la Asociación Colombiana de Nutrición Clínica, realizado el 17 septiembre 2020. 

Este artículo hace parte de los productos de divulgación del proyecto de inversión Investigación en la agroindustria de la palma de aceite del Fondo de Fomento Palmero, administrado por Fedepalma.

Los carbohidratos, proteínas y grasas son macronutrientes esenciales. Algunos aportan energía, otros son determinantes en los procesos metabólicos o están implicados en la formación de hormonas y tejidos. No se debe hablar de alimentos buenos, malos o mágicos. Así como tampoco categorizarlos “las harinas son malas”, ni eliminarlos “no como nada frito”.

Todos los macronutrientes son necesarios, pero es-tos son especialmente importantes en la adolescencia, no solo para asegurar un correcto crecimiento y desarrollo, sino también para instaurar una buena relación con la comida. Si bien los trastornos alimentarios no son exclusivos de los jóvenes, son ellos los más susceptibles a padecerlos. Satanizar un alimento, o, por el contrario, convertirlo en una comida prodigiosa, por lo general se basa en ideas erróneas o sin fundamento. Conocer la verdad es el primer paso para asegurar una alimentación equilibrada, y facilitar la detección a tiempo de signos de alarma que puedan advertir el comienzo de un desorden relacionado con esta. 

Harinas y cereales

En este grupo se ubica el pan blanco, el integral y aquellos libres de gluten. Los tres son igualmente saludables y deben incluirse en una dieta balanceada. Sin embargo, no puede desconocerse el aporte de fibra que el pan integral ofrece, y algunos de sus beneficios como el de prevenir el estreñimiento y ayudar a disminuir los niveles de colesterol en la sangre, aunque esto no lo convierte en un alimento mágico. En cuanto al sello “libre de gluten”, los expertos aseguran que no lo hace mejor ni peor que las otras opciones (a no ser que se padezca de la enfermedad celiaca). Se trata más bien de un tema de moda. 

Conducta de riesgo. Creer que es todo o nada. Negarse a comer ocasionalmente un pan blanco o con gluten, no es un comportamiento saludable. Menos, si se tiene la idea de que los carbohidratos engordan o producen adicción. Los expertos son muy claros en afirmar que ningún alimento, por sí solo, tiene la capacidad de hacer que la balanza marque algunos gramos de más, ni tampoco generar algún tipo de adicción: comer es una función fisiológica.

Proteínas de origen animal y vegetal 

Las primeras son el huevo, la carne, el pollo, el pescado y las vísceras. Las segundas son las leguminosas (fríjoles, lentejas, garbanzos), así como la soya y sus derivados. El aporte de proteínas, aminoácidos (las partes más pequeñas de las proteínas) y nutrientes de cada una es diferente, y es por esto por lo que todas son importantes. La decisión de preferir un tipo de alimento debe estar dada por un gusto personal, una decisión o una filosofía de vida, y no como parte de una fórmula para bajar de peso.

Conducta de riesgo. Cambios abruptos en cuanto a la conducta alimentaria o a las decisiones de lo que se quiere consumir. Es válido optar por una alimentación vegetariana o vegana. Incluso, las asociaciones de nutrición a nivel mundial la avalan, siempre y cuando se cuente con la asesoría de un experto en calcular y organizar adecuadamente los requerimientos nutricionales relacionados con proteínas, vitaminas y minerales, que deben estar presentes en la ingesta diaria.

Frutas y verduras 

Existen muchos mitos y dietas restrictivas que prohíben el consumo de ciertas frutas o verduras, argumentando que tienen una cantidad excesiva de carbohidratos o azúcares. El banano, por ejemplo, es quizás una de las frutas más satanizadas. Aunque es cierto que cuenta con altos niveles de estos nutrientes, existen otros alimentos que lo contienen aún en mayor proporción, y que no son tan ricos en fibra, vitaminas y minerales 

Conducta de riesgo. Si la fruta favorita de su hijo/a es la papaya y la consume con frecuencia, no hay de que preocuparse. Pero si lo hace con la convicción de que le ayudará a bajar de peso, como una forma de controlar el consumo de carbohidratos o creyendo que es mejor que comerse un banano, es conveniente hacerle un seguimiento al tema. 

Los lácteos y sus derivados 

Aquí se incluyen, entre otros, la leche, el queso, el yogur, el kumis y la avena líquida. Este grupo de alimentos también es foco de muchos mitos, que pueden llevar a comprometer el aporte de nutrientes. 

Conducta de riesgo. Como en el caso de las frutas y verduras, si la razón para evitar los lácteos obedece a una cuestión de gusto, es completamente válida. Pero si lo hace buscando perder peso, es mejor discutir el tema con el joven. Cuando se trata de un adolescente siempre es importante saber el por qué no está consumiendo determinado alimento. Así se podrá detectar e intervenir a tiempo ante un posible trastorno alimentario. 

Grasas 

Están muy satanizadas no solo en cuanto a su aporte de nutrientes “aumentan el colesterol, son malas”, hacen  que  suba de peso”, sino también en su forma de uso “únicamente aceite de ghee o de coco” e incluso al momento de la ingesta “los alimentos fritos se deben limpiar con una servilleta antes de consumirlos”. Aunque es cierto que una dieta basada en alimentos fritos no es la mejor opción, tampoco es sano eliminarlos por completo. Las grasas son necesarias para que la absorción de ciertas vitaminas y minerales sea óptima. Es el caso, por ejemplo, del tomate: cuando se le agrega un poco de aceite, su ingrediente principal el licopeno, es asimilado de mejor manera por el organismo. 

Están muy satanizadas no solo en cuanto a su aporte de nutrientes “aumentan el colesterol, son malas”, hacen  que  suba de peso”, sino también en su forma de uso “únicamente aceite de ghee o de coco” e incluso al momento de la ingesta “los alimentos fritos se deben limpiar con una servilleta antes de consumirlos”. Aunque es cierto que una dieta basada en alimentos fritos no es la mejor opción, tampoco es sano eliminarlos por completo. Las grasas son necesarias para que la absorción de ciertas vitaminas y minerales sea óptima. Es el caso, por ejemplo, del tomate: cuando se le agrega un poco de aceite, su ingrediente principal el licopeno, es asimilado de mejor manera por el organismo. 

Conducta de riesgo. Si el joven siente que después de con-sumir un alimento frito está obligado a realizar doble rutina de ejercicios, o impulsivamente limpia el alimento con una servilleta para calmar su angustia, puede estar dando señales de un problema. Igual de perjudicial es canonizar determinados alimentos: “Solo puedo usar aceite de ghee”,  “Si  no  es  con  aceite de coco prefiero no comer”. De acuerdo con las recomendaciones de los expertos, solo se debe controlar el con-sumo de grasas trans.

Dulces 

Se trata de otro alimento con muchos mitos. Aunque no está prohibido, debe regularse su consumo.  La alimentación es también un tema social, y los dulces juegan un papel básico en el relacionamiento, por lo que restringirlos del todo puede implicar que la persona se aísle. 

Conducta de riesgo. Negarse a aceptar el dulce que le regaló la abuela, o rechazar un postre cuan-do se está compartiendo una comida en grupo, no es una conducta sana. Tampoco lo es llevar un control excesivo de cada alimento que se consume, o leer detenidamente la información nutricional en los empaques. 

Preguntas 

Para evaluar si los hábitos de alimentación y ejercicio son los adecuados, o si se evidencia una conducta de riesgo u obsesiva, se han estipulado cinco preguntas claves: 

  1. ¿Se salta comidas?
  2. ¿Mide calorías y gramos?
  3. ¿Se pesa frecuentemente?  
  4. ¿Se ejercita porque DEBE hacerlo y no porque lo disfruta?
  5. ¿Se siente fuera de control y presenta sentimientos de culpa al comer?   

Pesarse a diario puede convertirse en un primer síntoma de un trastorno de la conducta alimentaria. El exceso de ejercicio cuando la única motivación es perder peso, así como sentir culpa tras consumir determinado alimento, son otras señales de alarma, especialmente en los últimos años, cuando la idea de que tan solo existe una dieta ideal es una premisa cada vez más común. Ante cualquier sospecha de que un adolescente presenta problemas relacionados con la comida, lo indicado es hablarle: “me preocupan los cambios en tu manera de comer”, “tengo dudas acerca de las razones por las que te pesas constantemente”. En caso de ser necesario, es aconsejable buscar ayuda profesional. Entre más pronto se acuda a un especialista en trastornos de la conducta alimentaria, el pronóstico de recuperación es mayor. 

¿Qué es un trastorno alimentario (TCA)? 
Se trata de una alteración afectiva relacionada con una forma inadecuada de alimentarse, una preocupación excesiva por la imagen corporal y un deterioro del funcionamiento de la salud física, mental y psicosocial. Cualquiera de estas conductas debe verse como la punta de un iceberg, por lo que es necesario un abordaje desde la psicología y la psiquiatría para llegar al fondo del problema. Tres conceptos que deben aclararse sobre el TCA: no solo se presenta en mujeres, adolescente y modelos, aunque sí se les considera una población de riesgo; no es un estilo de vida que se escoge, y la familia de quien lo padece no es culpable de la situación. 

La importancia de las grasas saturadas en la salud


 

Artículo del Boletín N° 38 de Salud y Nutrición

 

Consulte aquí más contenido del Boletín Trimestral Informativo de Salud y Nutrición

 

 

 

Visited 139 times, 1 visit(s) today
[swpm_login_form]