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Experiencia en la adopción de mejores prácticas de sostenibilidad “formalización laboral en pequeños palmicultores”, caso finca La Esperanza, productora Carmen Beatriz Arce Camacho, Núcleo Palmagro S.A.

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Visita a la finca de la productora Carmen Beatriz Arce Camacho

La actividad agrícola obedece a elementos que la convierten en una vocación, ya sea por la satisfacción de hacer las cosas de la mejor manera, por experimentar una nueva actividad, en búsqueda de aprendizaje, otorgarle valor a un territorio o simplemente juntando todo este esfuerzo para que se convierta en un negocio rentable, sostenible y amigable con el medioambiente y la sociedad.

Sin duda, el primer paso para emprender el camino de la sostenibilidad es el cierre de brechas productivas que se evidencia en el incremento de toneladas de RFF por hectárea y al mismo tiempo, iniciar con el cierre de brechas ambientales y sociales. Este caso que se presenta a continuación, en particular, se destaca como modelo aplicado bajo parámetros de adopción de nuevas tecnologías.

En 2018 la productora referente Carmen Beatriz Arce Camacho, propietaria de la finca La Esperanza, inició junto con su familia la adopción de mejores prácticas agrícolas con la aplicación de biomasa (disposición de hojas de cosecha, poda y fibra alrededor del plato), como método de fertilización más eficiente y balanceado; adecuación del riego (sistema de riego por goteo de alta descarga impulsado con energía solar); y manejo fitosanitario en su cultivo de 7,5 hectáreas de cultivar ASD Costa Rica y siembra 2003.

La adopción de estas tecnologías es el resultado de la participación en giras y días de campo realizados por Cenipalma y el núcleo Palmagro S.A., en fincas referentes de la zona, en donde observó los resultados obtenidos de sus vecinos que, a su vez, habían adoptado estas prácticas de otros productores. “No se requieren millones de pesos para ser productivos, cada finca posee la disponibilidad de recursos que pueden ser aprovechados a favor del cultivo. Además, la mentalidad del pequeño palmicultor debería ser la de un empresario. Cada peso cuenta, por eso es necesario maximizar la eficiencia de cada proceso y obtener los mejores resultados”, afirma Carmen Beatriz.

El acompañamiento técnico ha sido indispensable, por lo que agradece a Palmagro S.A., y a Cenipalma por la constancia y seguimiento en la ejecución de las actividades, ya que gracias a esa intervención su cultivo empezó a dar los primeros frutos pasando de 17,2 t/ha-1 en 2018 a 20,71 t/ha-1 en 2020, reportando un crecimiento de 20,4% (el promedio de la Zona Norte es de 16,1 t/ha-1).

Paralelamente, con la mejora productiva del primer paso hacia la sostenibilidad en 2020, la productora decide iniciar el proceso de formalización laboral y, de esta forma, proteger su patrimonio y mejorar la calidad de vida de sus empleados, a lo cual se refirió como: “los riesgos siempre están presentes en cada actividad del cultivo; la finca no alcanzaría a costear un evento desafortunado dentro de nuestras instalaciones”.

Por otra parte, durante el 2020 Fedepalma firmó un convenio con la entidad Más Trabajo Seguro, con el objetivo de formalizar productores de pequeña escala en las diferentes zonas palmeras del país a través de la estrategia denominada Plan Padrino, en alianza con núcleos, asociaciones y productores líderes, donde la productora Carmen Beatriz Arce Camacho y su hija Kelly Vanessa Díaz Arce se capacitaron y lograron formalizar su empresa y a sus trabajadores.

El Plan Padrino busca capacitar y formalizar a pequeños palmicultores, a sus familiares y a funcionarios de los Núcleos Palmeros con el ánimo de impulsar la estrategia en otros productores de iguales condiciones. Carmen manifiesta que “capacitar a los hijos de los productores los convierte en ‘padres’ y el técnico líder hace las veces de ‘padrino’, formando una red de atención y apoyo para animar a la ejecución de tareas de su ‘hijo’, es decir, al productor, sobre todo en el manejo de las herramientas tecnológicas, tarea que para algunos no es fácil por el acceso o no a la tecnología”.

 

“Este proyecto no solo buscaba sensibilizar a todos los productores sobre la importancia de la formalización laboral de sus trabajadores para que ellos puedan tener una vida más digna y lograr una mayor estabilidad laboral, sino también contribuir al bienestar productivo, social, ambiental, de nosotros como productores y de nuestro patrimonio. Aunque hoy nos encontramos en esta etapa tenemos que reconocer que no fue fácil llegar hasta este punto de cambio sin el apoyo de Fedepalma, Cenipalma y Palmagro S.A., y mucho menos que ellos lograran que aceptemos este reto, que con temor fuimos adoptando, pero que hoy nos ha llevado a la implementación de nuevas prácticas y a la formalización laboral de una manera organizada y pertinente”, concluyó Carmen Beatriz.

Para esta productora, encaminar su empresa a la mejora continua es motivo de tranquilidad, alegría y satisfacción, pues siente que todos sus esfuerzos no han sido en vano e invita a los productores a apropiarse de las herramientas necesarias para enfrentar los retos y desafíos actuales que nos lleven a una palmicultura sostenible y diferenciada.

 

Adecuación de la zona de clasificación de residuos y reciclaje en campo

La formalización laboral en el sector palmicultor es una necesidad que se consolida paso a paso. Entre los objetivos del direccionamiento estratégico 2019-2023 de Fedepalma, se planteó que el 75 % de producción de aceite de palma crudo sea certificado o verificado en estándares de sostenibilidad, teniendo en cuenta las exigencias del mercado externo que se basa en las demandas actuales de los consumidores de adquirir un producto responsable desde su origen, que no amenace los recursos ambientales y sociales que intervienen en el proceso productivo.

Lo anterior representa el componente social de la sostenibilidad, el cual juega un rol importante en la obtención de certificaciones, y es precisamente este aspecto el que puede representar un cuello de botella para los productores de pequeña escala ya que, en la mayoría de los casos, no cuentan con la disponibilidad de recursos y medios para llevar a cabo el proceso productivo de la palma de aceite. Cabe concluir que el 86 % de los palmicultores a nivel nacional son de pequeña escala y presentan altas tasas de informalidad, por este motivo, es prioridad continuar con estrategias de acompañamiento para cerrar las brechas de sostenibilidad.

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