Información del sector palmero colombiano - Fedepalma

La palma de aceite transforma vidas

Foto: archivo Fedepalma
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Pocos campesinos colombianos han hecho una transición entre cultivos tan exitosa como la de quienes cambiaron transitorios (como el arroz) o perennes ilegales (como la coca), por la palma de aceite.

En zonas tradicionalmente pobres, y quebradas en la década de 1990 por cuenta de la apertura económica, como María La Baja (Bolívar), donde los ingresos de los pequeños agricultores eran insuficientes para cubrir sus necesidades básicas, el cambio fue colosal. Como también lo fue en Puerto Wilches y Sabana de Torres (Magdalena Medio), y Tibú y la región del Catatumbo (Norte de Santander), entre otras, donde la palma de aceite abatió a los cultivos ilícitos.

El primer aliento para la sustitución de la coca lo dio el Gobierno con la ayuda del Plan Colombia (iniciado en 1999). Con esos recursos, pero sobre todo impulsados por el entusiasmo de grandes empresarios palmeros, comenzaron a hacerse realidad los negocios entre productores de pequeña, mediana y gran escala. Se crearon las alianzas productivas, como una clara demostración de las ganas sectoriales de actuar con sentido de apertura, de inclusión y democratización, para que, independientemente del tamaño de sus cultivos, todos los palmeros pudieran acceder a las enormes oportunidades que representa la oleaginosa. 

Fedepalma, en su búsqueda permanente de herramientas útiles para lograr que la agroindustria que representa genere riqueza y estabilidad social, venía analizando de tiempo atrás esos modelos. El caso que más llamó su atención fue el de Malasia, país que en escasos veinte años pasó de ser inviable, a ser exitoso en el contexto internacional. La receta de su triunfo radicó en haber asumido a la palma de aceite y al caucho como un propósito colectivo, para convertirse en motor de la economía. Ahí nació este tipo de asociación. 

En Colombia, con su aplicación se generaron economías de escala, se enfrentaron con argumentos las crisis política y social del país (porque el entorno donde se establecían ganaba competitividad), y el sector como un todo creció en área, en producción y en valor social. Así, se formalizó un esquema de relación gana-gana entre los palmicultores con grandes cultivos, y las comunidades de su zona de influencia.

Fuente: Presentación La agroindustria de la palma de aceite en Colombia (García, 2022).

En efecto, las empresas palmeras se benefician, porque amplían la utilización de su capacidad instalada, tienen acceso a incentivos gubernamentales otorgados a la figura de alianzas, desarrollan nuevas líneas de negocios y, con todo, coadyuvan al logro de un ambiente de seguridad en su entorno socioeconómico regional.

Por su parte, los agricultores de pequeña y mediana escala ganan, porque reciben mayores ingresos, amplían sus oportunidades de empleo, crean un historial crediticio en el sistema financiero para futuros desarrollos y planes e inician un proceso de acumulación de capital que se traduce en la consolidación de su patrimonio. Y, especialmente, porque se eleva su autoestima y su capacidad de logro y éxito como empresarios palmeros de pequeña escala, al tiempo que se fortalecen sus organizaciones. 

Fedepalma impulsa a los productores de pequeña y mediana escala a organizarse y mantener una articulación efectiva en lo que se denomina Núcleo Palmero, conformado por las plantas de beneficio con las áreas de cultivo propias, de los socios y de los aliados estratégicos (proveedores), integrados y con un criterio unificado de manejo del cultivo.

Así, es posible prestar asistencia técnica a los cultivos de palma de aceite articulados al Núcleo Palmero, y
atender las necesidades de los productores con metodologías de extensión en capacitación, formación y transferencia tecnológica.

Además, Fedepalma les hace seguimiento y acompañamiento continuado, mide su nivel de adopción tecnológica, y luego los retroalimenta y motiva para que mejoren sus prácticas culturales de manera oportuna.

Fuente: Presentación La agroindustria de la palma de aceite en Colombia (García, 2022).

El sector palmero es un promotor de la equidad, la igualdad y la inclusión. Sus otras múltiples acciones lo corroboran. Como las ejecutadas por su Área Social, de buenas prácticas para impulsar el desarrollo social y el respeto por las personas.

Con tal propósito, basa su acción en cinco pilares planteados en la estrategia de sostenibilidad sectorial:

  1. Derechos humanos.
  2. Prácticas laborales.
  3. Comunidades sostenibles.
  4. Cadena de valor.
  5. Gobierno corporativo.

Vale destacar que, entre otros aspectos, el pilar de comunidades sostenibles contempla a las alianzas productivas y a una red femenina conformada por más de cien mujeres, a las que se les dictan talleres para profesionalizar su actividad, al igual que conferencias de superación y vida en familia.

 

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